Cooperativismo tolimense, después del Covid-19 (II)

Escribe: Alberto Bejarano Ávila.-

Desde una óptica crítica se infiere que la teoría y la práctica cooperativa tolimense son dos líneas paralelas que hoy no logran cruzarse para convertirse en praxis que cambie el destino del Tolima. Tal incoherencia, incubada en la falta de examen autocritico, convierte el acervo doctrinal cooperativo en “saludo a la bandera” e inhibe juicios de valor sobre su obligación misional, cuál sería forjar su historia construyendo parte de la nueva historia del Tolima.

Ese yerro no surge del querer de sus líderes sino del influjo ideológico neoliberal que hace obrar como capitalista a quien se dice cooperativista y dificulta sustentar al cooperativismo como irremplazable estrategia democratizadora para trasformar la realidad regional.

En metáfora, tal vez insulsa, diría que si el cooperativismo se comparase con una aeronave de dos motores, el económico-empresarial y el socio-político, estaríamos de acuerdo en que el primer motor marcha, digamos que bien, pero el segundo, o está apagado o marcha mal y por tanto es fácil concluir que, al no aportar éste segundo motor la debida sustentación y propulsión o empuje a las cooperativas, éstas no sólo “afean su perfil aerodinámico”, sino que terminan siendo débiles e anodinos medios de transformación o cambio y por lo mismo organizaciones de muy corto vuelo en la anchurosa espacialidad del territorio tolimense.

Cuando las ciencias económicas y las ciencias sociales, por igual (subrayo el “por igual”) sean factores determinantes del diario ocurrir de la institución cooperativa podríamos aseverar, retomo la metáfora del vuelo solidario, que “los dos motores” de nuestro figurado “bimotor cooperativo” marchan a plena potencia y como una sola fuerza y, por tanto, su tripulación (asociados, dirigentes y administradores) estarían seguros de que sí “están volando” hacia el destino correcto. A los aun no cooperativistas les digo que las cooperativas auténticas se caracterizan por su intrínseca, inviolable y demostrable doble finalidad: social y económica. 

Así como la visión y acción empresarial cooperativa se “depura” en las ciencias económicas (administración, finanzas, contabilidad, estadística, etc.), también su visión y vocación social lo hace en las ciencias sociales (antropología, sociología, política, territorialidad, etc.) y por ello, si bien es comúnmente aceptada la conveniencia de aplicar las ciencias económicas al cooperativismo, también y con igual énfasis, tiene que aceptarse la aplicación de las ciencias sociales, para que éstas dos ramas entren en simbiosis y así crear las ciencias cooperativas para gestionar social y económicamente al cooperativismo y desde un sistema cooperativo equilibrado y coherente coadyuvar a la gestión social y económica del desarrollo tolimense.

Por falta de diálogo sincero, fraterno y continuo entre cooperativistas, las ideas neoliberales encuentran clima propicio y de algún modo cómplice (¿culpa por omisión?), para enajenar la genuina índole del modelo cooperativo y así lograr que el cooperativismo pierda cohesión (incumpla el principio de integración), se rompa por intereses subalternos (el empresarismo per se) y omita hacer lecturas propias de la realidad regional, omisión que impide relacionar la problemática social con soluciones que sólo entraña el sistema cooperativo.

Continúa…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *