El comunismo se convirti贸 en una enfermedad

Escribe: Doctor Richard M. Ebeling*

Esperemos que, al cumplirse el centenario de la revoluci贸n comunista rusa, la humanidad aprenda de ese tr谩gico error y llegue a comprender y aceptar que s贸lo la libertad individual y la libertad econ贸mica pueden proporcionar la sociedad justa.

La prometida 鈥渟ociedad sin clases鈥 de igualdad material y social era, de hecho, el sistema m谩s granulado de privilegio y poder jer谩rquico. El soborno, la corrupci贸n, las conexiones y el favoritismo impregnaban todo el tejido de la sociedad socialista sovi茅tica.

El gran soci贸logo alem谩n, Max Weber (1864-1920) ofreci贸 una comprensi贸n de la evoluci贸n de los reg铆menes socialistas en el siglo XX desde el radicalismo revolucionario hasta un sistema anquilosado de poder, privilegio y saqueo, tripulado por titulares de cargos socialistas sovi茅ticos interesados.

Max Weber, en su monumental tratado publicado p贸stumamente, 鈥淓conom铆a y Sociedad鈥 (1925), defini贸 al l铆der carism谩tico como alguien que se distingue de la masa ordinaria de hombres por un elemento de su personalidad que se considera que contiene poderes y cualidades excepcionales. Tiene una misi贸n porque ha sido dotado de una chispa intelectual particular que le permite ver lo que otros hombres no ven, entender lo que la masa de sus compa帽eros no comprende.

Pero su autoridad, explica Weber, no proviene de que los dem谩s reconozcan sus poderes, per se. Su sentido de autoridad y destino proviene de su interior, sabiendo que tiene una verdad que debe revelar a los dem谩s y sabiendo que esa verdad dar谩 lugar a que los hombres sean liberados; y cuando los dem谩s ven lo correcto de lo que 茅l sabe, resulta obvio e inevitable que sigan su liderazgo.

Ciertamente, Vladimir Lenin (1870-1924) encaja en esa descripci贸n. Aunque muchos de los que le conocieron se帽alaron su apariencia f铆sica y su presencia poco atractiva, la mayor铆a destac贸 al mismo tiempo la determinaci贸n de Lenin de llevar a cabo una 鈥渕isi贸n鈥 en la que ten铆a una confianza absoluta y una determinaci贸n inquebrantable y debido a la cual los dem谩s se sintieron atra铆dos por 茅l y aceptaron su autoridad de liderazgo.

Alrededor de Lenin, el carism谩tico, hab铆a un conjunto de disc铆pulos y camaradas que fueron llamados y elegidos, y que se ve铆an a s铆 mismos sirviendo a la misma misi贸n: el avance de la revoluci贸n socialista. Como dice Weber: 鈥淓l鈥 grupo que se somete a la autoridad carism谩tica se basa en una forma emocional de relaci贸n comunitaria鈥 Se elige en funci贸n de las cualidades carism谩ticas de sus miembros. El profeta tiene sus disc铆pulos鈥 Hay una 鈥渓lamada鈥 a instancia del l铆der en funci贸n de la cualidad carism谩tica de los que convoca鈥︹

El grupo de 鈥渆legidos鈥 renuncia (al menos en principio, si no siempre en la pr谩ctica) a las tentaciones materiales de las circunstancias mundanas, que el objetivo de su 鈥渕isi贸n鈥 pretende derrocar y destruir. Y esto tambi茅n marc贸 el estilo de vida a menudo conspirador, secreto y a veces espartano de los revolucionarios marxistas. Max Weber explic贸: 鈥淣o existe salario ni beneficio. Los disc铆pulos o seguidores tienden a vivir principalmente en una relaci贸n comunista con su l铆der鈥 El carisma puro desprecia y repudia la explotaci贸n econ贸mica de los dones de la gracia como fuente de ingresos, aunque para estar seguros, esto a menudo sigue siendo m谩s un ideal que un hecho. Por otra parte, el 鈥渂ot铆n鈥濃 ya sea extra铆do por la fuerza o por otros medios, es la otra forma t铆pica de provisi贸n carism谩tica de necesidades鈥.

Pero una vez que el carism谩tico y sus seguidores est谩n en el poder, pronto se produce una transformaci贸n en su comportamiento y relaci贸n con el resto de la sociedad. Ahora resulta imposible mantenerse al margen de los asuntos mundanos de la vida cotidiana. De hecho, si no se sumergen en esos asuntos, su poder sobre la sociedad se ver铆a amenazado con ser desintegrado. Poco a poco, el ardiente fervor de la misi贸n ideol贸gica y la camarader铆a revolucionaria comienza a morir. Dijo Max Weber: 鈥淪贸lo los miembros del peque帽o grupo de disc铆pulos y seguidores entusiastas est谩n dispuestos a dedicar su vida de forma pura e idealista a su vocaci贸n. La gran mayor铆a de los disc铆pulos y seguidores, a la larga, 鈥渧ivir谩n鈥 de su 鈥渧ocaci贸n鈥 tambi茅n en un sentido material鈥 Por lo tanto, la rutinizaci贸n del carisma tambi茅n adopta la forma de la apropiaci贸n de poderes de control y de ventajas econ贸micas por parte de los seguidores y disc铆pulos y la regulaci贸n del reclutamiento de estos grupos鈥 Del mismo modo, en un cuerpo pol铆tico desarrollado, los vasallos, los titulares de beneficios o los funcionarios se diferencian de los 鈥渃ontribuyentes鈥. Los primeros, en lugar de ser 鈥渟eguidores鈥 del l铆der, se convierten en funcionarios del Estado o en funcionarios del partido designados鈥 Con el proceso de rutinizaci贸n, el grupo carism谩tico tiende a convertirse en una de las formas de autoridad cotidiana, particularmente鈥 la burocr谩tica鈥.

Yo sugerir铆a que en el an谩lisis de Max Weber vemos el esbozo del proceso hist贸rico por el que un grupo de revolucionarios marxistas, convencidos de que ve铆an los dictados de la historia de un modo que no ve铆an los dem谩s simples mortales, se encargaron de ser los parteros de esa historia mediante una revoluci贸n violenta.

Pero cuando los rescoldos de la victoria socialista se enfriaron, como en Rusia tras la Revoluci贸n de 1917 y la sangrienta guerra civil de tres a帽os que le sigui贸, los revolucionarios tuvieron que dedicarse a los asuntos mundanos de la 鈥渃onstrucci贸n del socialismo鈥. Construir el socialismo significaba la transformaci贸n de la sociedad y la transformaci贸n de la sociedad significaba vigilar, supervisar, controlar y comandar todo.

El inter茅s propio y la nueva 鈥渟ociedad de clases鈥 socialista. As铆 naci贸 en la nueva Uni贸n Sovi茅tica lo que se llam贸 la Nomenklatura. A partir de 1919, el Partido Comunista estableci贸 el procedimiento de formaci贸n de listas de cargos gubernamentales o burocr谩ticos que requer铆an un nombramiento oficial y las correspondientes listas de personas que podr铆an ser elegibles para ser promovidas a estos puestos de mayor autoridad. As铆 naci贸 la nueva clase dirigente del socialismo.

Hab铆a que dotar de personal a los ministerios, cubrir los puestos del Partido, asignar a las industrias nacionalizadas y a las granjas colectivas administradores que supervisaran la producci贸n y velaran por el cumplimiento de los objetivos de la planificaci贸n centralizada, establecer redes de distribuci贸n estatales, los sindicatos necesitaban directores fiables del Partido y los medios de comunicaci贸n necesitaban redactores y reporteros que contaran las historias propagand铆sticas fabricadas sobre las victorias del socialismo en la creaci贸n de un nuevo hombre sovi茅tico en su nueva y gloriosa sociedad colectivista.

En contra de las promesas socialistas de hacer un hombre nuevo a partir de los escombros del viejo orden, a medida que se colocaba una nueva piedra tras otra y se constru铆a la econom铆a socialista, en las grietas entre los bloques volv铆an a brotar los principios universales de la naturaleza humana: los motivos y la psicolog铆a del comportamiento interesado, la b煤squeda de v铆as y oportunidades rentables para mejorar la propia vida y la de la familia y los amigos, mediante el intento de obtener el control y las formas de uso personal de los recursos y productos escasos 鈥渟ocializados鈥 dentro de las redes e interconexiones de la burocracia sovi茅tica.

Dado que el Estado declaraba su propiedad sobre todos los medios de producci贸n, no es de extra帽ar que, con el paso de los a帽os y luego de las d茅cadas, cada vez m谩s personas llegaran a ver la pertenencia a la Nomenklatura y a sus puestos auxiliares como el camino hacia una vida m谩s pr贸spera y agradable. Al final, el Estado socialista no transform贸 la naturaleza humana; la naturaleza humana encontr贸 formas de utilizar el Estado socialista para sus propios fines.

El sistema de privilegios y corrupci贸n que cre贸 el socialismo sovi茅tico fue explicado por Boris Yeltsin (1931-2007), el miembro del Partido Comunista ruso que, m谩s que muchos otros, ayud贸 a conseguir el fin de la Uni贸n Sovi茅tica y una Rusia independiente en 1991 que al principio intent贸 la democracia. En su libro, *Against the Grain (1990), Yeltsin explicaba: 鈥淟a raci贸n del Kremlin, una asignaci贸n especial de productos normalmente inalcanzables, es pagada por la c煤pula a la mitad de su precio normal y consiste en alimentos de la m谩s alta calidad. En Mosc煤, un total de 40.000 personas disfrutan del privilegio de estas raciones especiales, en diversas categor铆as de cantidades y calidad. Hay secciones enteras del GUM -los enormes grandes almacenes que dan al Kremlin, al otro lado de la Plaza Roja- cerradas al p煤blico y especialmente reservadas para la 茅lite m谩s alta, mientras que para los funcionarios que est谩n un pelda帽o o dos m谩s abajo en la escala hay otras tiendas especiales. Todos se llaman 鈥渆speciales鈥: talleres especiales, tintorer铆as especiales, policl铆nicas especiales, hospitales especiales, casas especiales y servicios especiales. Qu茅 uso tan c铆nico del mundo鈥.

La prometida 鈥渟ociedad sin clases鈥 de igualdad material y social era, de hecho, el sistema m谩s granulado de privilegio y poder jer谩rquico. El soborno, la corrupci贸n, las conexiones y el favoritismo impregnaban todo el tejido de la sociedad socialista sovi茅tica. Dado que el Estado pose铆a, produc铆a y distribu铆a cualquier cosa y todo, todo el mundo ten铆a que tener 鈥渁migos鈥, o amigos que conocieran a la gente adecuada, o que conocieran a la persona adecuada a la que pudieras mostrar tu agradecimiento a trav茅s de sobornos o favores rec铆procos para acceder a algo imposible de obtener a trav茅s de los canales normales de la red distributiva de planificaci贸n central para 鈥渓as masas鈥.

Y sobre todo este sistema socialista de poder, privilegio y saqueo dirigido por el Partido Comunista estaba la polic铆a secreta sovi茅tica, el KGB, espiando, vigilando y amenazando a todo aquel que desafiara o cuestionara la propaganda o el funcionamiento del 鈥減ara铆so de los trabajadores鈥.

Las contradicciones comunistas y el fin del socialismo sovi茅tico

Todo lleg贸 finalmente a su fin en 1991, cuando el privilegio, el saqueo y la pobreza del 鈥渟ocialismo verdadero鈥 hicieron insostenible el sistema sovi茅tico. No es una exageraci贸n decir que todo lo que los marxistas dec铆an que era la naturaleza del sistema capitalista 鈥搇a explotaci贸n de la mayor铆a por unos pocos privilegiados; una gran desigualdad de riqueza y oportunidades debida simplemente a un acuerdo artificial de control sobre los medios de producci贸n; una manipulaci贸n de la realidad para hacer que la esclavitud pareciera significar libertad鈥 era, de hecho, la naturaleza y la esencia del socialismo sovi茅tico. 隆Qu茅 deformaci贸n y perversi贸n de la realidad a trav茅s de un espejo ideol贸gicamente distorsionado!

De hecho, para entonces era dif铆cil encontrar a alguien en cualquier rinc贸n de la sociedad sovi茅tica que creyera, ya, en la 鈥渇alsa conciencia鈥 de la propaganda comunista. La Uni贸n Sovi茅tica hab铆a llegado al callej贸n sin salida de la bancarrota ideol贸gica y la ilegitimidad social. La 鈥渟uperestructura鈥 del poder sovi茅tico se derrumb贸.

En 1899, el psic贸logo social franc茅s, Gustave Le Bon (1841-1931), observ贸 el, entonces, creciente movimiento socialista a finales del siglo XIX y el pronto comienzo del siglo XX, y dijo tristemente en su libro, *La psicolog铆a del socialismo: 鈥淯na naci贸n, al menos, tendr谩 que sufrir鈥 para la instrucci贸n del mundo. Ser谩 una de esas lecciones pr谩cticas que s贸lo pueden iluminar a las naciones que se divierten con los sue帽os de felicidad desplegados ante sus ojos por los sacerdotes de la nueva fe [socialista]鈥.

No s贸lo Rusia, sino tambi茅n muchos otros pa铆ses de Europa del Este, Asia, 脕frica y Am茅rica Latina se han visto obligados a dar esa 鈥渓ecci贸n pr谩ctica鈥 en la tiran铆a pol铆tica y el desastre econ贸mico que la sociedad socialista, especialmente en su permutaci贸n marxista, ofreci贸 a la humanidad.

Se trata de una cruda demostraci贸n de las desastrosas consecuencias de una sociedad que abandona por completo una filosof铆a pol铆tica de individualismo liberal cl谩sico, un sistema econ贸mico de mercados libres y la aceptaci贸n de la naturaleza humana interesada que funciona dentro de un acuerdo social de asociaci贸n voluntaria e intercambio pac铆fico. Esperemos que, al cumplirse el centenario de la revoluci贸n comunista en Rusia, la humanidad aprenda de ese tr谩gico error y llegue a comprender y aceptar que s贸lo la libertad individual y la libertad econ贸mica pueden proporcionar la sociedad justa, buena y pr贸spera que la humanidad puede y debe tener.

* Doctor Richard M. Ebeling, profesor distinguido de BB&T de 茅tica y liderazgo de la libre empresa en The Citadel, en Charleston, Carolina del Sur.

Basado en una presentaci贸n realizada como la Conferencia John W. Pope patrocinada por el Instituto Clemson para el Estudio del Capitalismo en la Universidad de Clemson el 1潞. de marzo de 2017. ================================================================

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