El papa Francisco: ¿Cínico o ignorante?

Escribe: Marcelo Duclos*

Ante la agencia de cobradores de impuestos de Italia, el argentino les dijo que hacían una tarea noble. (Archivo PanAm Post)

Jorge Bergoglio “bendijo” el oficio del cobrador de impuestos y criticó la informalidad de los pagos “en negro”. En su país, sin la evasión y la informalidad, la pobreza sería mucho mayor.

Si el papa Francisco tiene la mínima idea de las consecuencias de las cosas que dice, es un cínico. El sumo pontífice, que se vive llenando la boca por el drama de la pobreza y la exclusión, no debería decir las barbaridades que dice si es una persona bien intencionada, con una mínima idea de las nociones más básicas de la economía. Si no, la única opción que queda, para no dudar de su honorabilidad, es que sea un completo y absoluto ignorante. Alguien que habla desde el púlpito más influyente del mundo, haciendo gala de una irresponsabilidad descomunal.

Ante un grupo de hombres de la agencia recaudadora de impuestos de Italia, Jorge Bergoglio, prácticamente santificó el oficio de los inspectores y cobradores del fisco. El papa argentino les reconoció que el trabajo que realizan “parece ingrato a los ojos de una sociedad” que ubica a “la propiedad privada como un absoluto”, que no se subordina al “compartir por el bien de todos”.

En la opinión de la máxima autoridad actual de la Iglesia, cobrar impuestos no es “meter la mano en el bolsillo” de la gente, sino es “un signo de legalidad y justicia”. Además, Francisco aseguró que pagar todos los impuestos es contribuir al “bien común”, por lo que hay que incrementar los esfuerzos “para contrarrestar la plaga de la evasión”. En este sentido, el papa señaló que la “evasión fiscal” y “los pagos en negro” son grandes problemas de la “ilegalidad generalizada” que hay que combatir en nombre de “la justicia social”.

Más allá de la discusión ideológica y de lo razonable (o inaceptable) en cuanto a un eventual porcentual de presión impositiva, lo inaceptable de Francisco es que glorifica los impuestos en términos absolutos. Evita por completo cualquier discusión sobre modelos más eficientes, sistemas que minimicen los incentivos de corrupción o instancias de presión fiscal que se conviertan en desempleo o fomenten la arbitrariedad. Lo que plantea ni siquiera podría denominarse como adolescente. Es infantil. Y para alguien en su posición, también es bochornoso y vergonzante.

Aunque Francisco hace gala de su austeridad, como muestra de contacto con el mundo real que no tiene los lujos del Vaticano, sus prejuicios en materia económica muestran que en lo que su prédica refiere, está absolutamente alejado del drama de los excluidos del mundo, sobre todo en su país de origen.

La imposible presión fiscal, que Bergoglio no critica sino que justifica, ha hecho que en Argentina los más necesitados sobrevivan gracias a esos mercados “negros” a espalda de la burocracia, que el papa duramente critica. Ya que Francisco demuestra constantemente que no tiene problemas en vivir austeramente, en lugar de visitar pequeños negocios de Roma debería pasar una temporada en el conurbano bonaerense. Si se dedica a preguntarle a la gente cómo sobrevive allí y cuáles son sus problemáticas diarias, el argentino debería hacer una fuerte autocrítica y buscar algún párroco de la provincia para ir a confesarse.

* Marcelo Duclos, nació en Buenos Aires en 1981, estudió periodismo en Taller Escuela Agencia y realizó la maestría de Ciencias Políticas y Economía en Eseade. Es columnista de opinión invitado de Perfil, Infobae y músico. ================================================================

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