El quiebre histórico, por qué y cómo (II)

Escribe: Alberto Bejarano Ávila 

Lo económico lo explico recordando que por iniciativa de la Cámara de Comercio y El Nuevo Día, en octubre pasado fue publicada la revista “Empresas Generadoras de Desarrollo en el Tolima”, incluyendo allí el ranking (por activos) de “las 100 empresas más representativas”, pero sin mostrar comparativos con períodos anteriores (10 o 20 años atrás) ni agregar otras variables igualmente comparadas (capital, pasivos, empleo), a efectos de establecer índices de crecimiento o decrecimiento económico, es decir, daban por descontado que el valor del activo empresarial del momento, per se, demostraría el positivo desarrollo del Tolima.

El poder en Colombia suele crear percepciones ficticias (mentiras o verdades a medias) para ocultarle a la opinión (no por siempre) que favorece a los oligopolios, práctica antiética que embolata las soluciones reales.

Digo esto porque a diferencia de los timadores, en el Tolima debería admitirse que por varios lustros su economía no ha crecido y, como ejemplo, alego que si el balance de Cooperamos se hubiese congelado en diciembre de 1988 y, transcurridos 21 años se descongelara y, sin cambiarle ni un dígito, se incluyese en el ranking de la revista citada, hoy sería la cuarta o quinta empresa más grande del Tolima. Ésta cooperativa, donde fui uno de sus actores, como muchas más empresas se frustró por la avaricia de los grandes grupos económico-financieros (claro, no faltó el majadero que dijera otras cosas).

Muchos otros ejemplos históricos, vistos a la luz de la economía de hoy, revelarían regresión o ralentización económica, desindustrialización, exiguo capital tolimense en la financiación empresarial, desahorro o cesión del ahorro regional al monopolio financiero nacional, poca participación regional de las utilidades y mayores remesas de éstas a los centros nacionales y globales y, por tanto, fuga continua del capital regional y, todo ello, inducido por la falacia de que las personas o la economía regional podrán prosperar con capital foráneo. Decir que crecemos y otros aspavientos, son sofismas que ocasionan autoengaño, inercia e indecisión para promover 10 mil o más empresas que el Tolima requiere para progresar realmente.

El daño medioambiental hasta ahora ha podido frenarse por la lucha de los ambientalistas ante los ataques de los depredadores de recursos naturales, pero no sabemos hasta cuándo, porque sus muros de defensa son débiles porque débil es la conciencia regional respecto al valor del territorio y por ello, en cualquier momento, los depredadores podrían derribarlos, en complot con la politiquería, la tecnocracia y el canibalismo de monopolios primitivos.

En palabras duras, pero convencido de que es verdad, afirmo que hoy en lo político estamos “en la inmunda”, en lo social “en la olla”, en lo económico “anquilosados” y en lo ambiental “chilingueando”. Si alguien refuta esta apreciación y demuestra de manera inobjetable que el Tolima sí está progresando, aceptaré que soy crítico necio, pero, de no ser así, continuaré averiguando causas y sugiriendo soluciones para salir del vergonzoso laberinto. Continúa…

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