¿Estadistas o Populistas?

Escribe: Juan Daniel Giraldo.-

Es mucho más valioso un Presidente Estadista y no un populista mentiroso.

Opinar sobre política nunca se podrá hacer de forma objetiva, porque es el sentimiento el que predomina en la percepción personal sobre algún asunto. Es por ello que poco escribo al respecto, porque simplemente termina plasmándose mi pasión y mi sentir, a entender una realidad ya sea local o nacional.

Pero la situación actual amerita sentar una base y entender el panorama que se nos avecina y para ello es necesario entender el contexto, los hechos que lo antecedieron, para así poder mirar de frente al futuro y tomar la decisión correcta.

En charlas con personas que han estudiado a fondo los documentos de los Acuerdos de la Habana, estén o no de acuerdo con ellos, han sido categóricos en afirmar que fueron tan blindados jurídicamente y ante la sociedad internacional, que reversarlos o simplemente no cumplirlos supondría una situación diplomática y jurídica muy grave ante organismos internacionales. Ni siquiera volver a la escribir la Constitución Nacional nos salvaría de ello.

Debo admitirlo, Santos hizo la tarea con honores a las farc y a sus amigos: les dio más que garantías, les entregó el país y la institucionalidad a quienes fueron los malandrines y terroristas durante más de 40 años, y los convirtió en los Robin Hood del presente, unos pseudo-héroes.

Resultado del contexto: pretender venir a decir a gritos que va a desconocer o cambiar esos nefastos acuerdos, solo por el placer de tener contentos a unos cuantos sectores radicales, es simplemente un canto de sirena que será incumplido apenas llegue. Prefiero a un Presidente sensato y que hable con la verdad, así no guste por la impotencia de poder tener una verdadera justicia y una real memoria histórica, que un palabrero que nos trate de convencer y animar con cantos de sirena.

Segundo punto: en el 2018 el presidente Duque recibió un país al revés: con un aparato burocrático excesivo, una carga fiscal y una deuda externa sin precedentes en la historia Republicana, con un discurso de lucha de clases y retórica Anti estatal que jamás habíamos visto. Apoyada por las redes sociales y la masiva información desacertada, se generó una polarización y un sentimiento de rencor y resentimiento por el congénere y un irrespeto por la diferencia que alteró las bases de la convivencia social. Pretender radicalizar más de quienes exigen justicia social no es más que una pantomima para acrecentar la brecha social. Nos urge una reestructuración fiscal radical, que disminuya la deuda, y aminore la carga impositiva. Y lastimosamente eso no es popular, ni genera opinión. Prefiero un Presidente estadista y que asegure el futuro económico del país a un populista que por mantener la imagen nos lleve a la banca rota estatal.

Tercer punto: la experiencia. No he podido comprender de cuándo acá nosotros esperamos que un Presidente toque guitarra o juegue fútbol, o duerma en una casa en obra negra que construyó, o nade por el río Amazonas tal cual nadador profesional. No! Yo espero un Presidente que entienda que su dignidad presidencial equivale a la de soberano. Es la cabeza del Estado, es nuestra imagen internacional, es quien nos representa. No podemos seguir solicitando actores o figurines que posen en cámaras queriendo ganarse los afectos de ingenuos. Debemos comprender que en ellos están las obligaciones y el futuro del país, y eso sólo lo da la experiencia. Me sorprende ver figurando personas con poca o nula experiencia, que por estar uno o dos períodos en el congreso, o por haber protagonizado sendos debates en plaza pública ya creen tener toda la experticia requerida para gobernar un país tan complejo y diverso como el nuestro. La experiencia cuenta, y ello sólo lo da el tiempo y la preparación no sólo académica, sino el paso por el sector público y privado.

Una última reflexión: el país necesita una persona que unifique, pero que tenga un criterio claro para gobernar. Requiere conocimiento completo del país, no que focalice en Medellín, Barranquilla y Bogotá, que tenga experiencia probada en el manejo de lo público, no un actor de dramas que guste en los faranduleros canales nacionales. Que combata la corrupción estatal, pero que no ande como predicador hablando de la lucha contra este flagelo, convirtiéndolo en su discurso, pero aplicando todo lo contrario.

Necesitamos un Presidente que nos haga retomar el rumbo correcto del país. En conclusión: Necesitamos Estadistas, no populistas.

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