¿Existe un ideario político tolimense?

Escribe: Alberto Bejarano Ávila.-

El Tolima no es neoliberal, comunista o socialista, es región rica con gente pobre que jamás pudo hallar ideas propias y atinadas que sirvieran de norte para progresar y por ello muchos líderes e intelectuales, al argüir tesis de desarrollo, lo hacen con ceñida sujeción a impropias y viejas matrices ideológicas y sin mostrar asomo de voluntad para contextualizar territorial y socialmente esas ideas y por ello la conclusión del eterno análisis sobre recursos naturales, salud, educación, industria, agro, finanzas, política, empresa privada, pública y cooperativa, etc., es eco de guiones que traza el centro y el mundo y no la voz de un regionalismo activo. “Ciencia propia o colonialismo intelectual”, el desoído dilema que planteara Fals Borda.

En una cuartilla es difícil hacer juicios de valor sobre ideologías políticas y además no soy el indicado para ello, pero sí creo que una sociedad que no construye pensamiento se condena a seguir ideas ajenas que, como los virus, infectan y hacen creer que pensamos el desarrollo cuando sólo coreamos tesis inocuas para el Tolima pero efectivas para quienes avasallan. Si es verdad que el Covid-19 está obligando a cambiar, entonces, desde tal premisa, propongo redefinir los conceptos políticos y económicos con enfoque regionalista y editar un glosario propio que facilite una gran conversación pluralista sobre la visión estratégica del desarrollo tolimense. Mucho me temo que eso será “el día de San Blando”.

Creo que cuando derechistas, izquierdistas, socialistas y regionalistas hablan del desarrollo, enuncian criterios aparentemente irreconciliables y por ello el tiempo se va en verbosidades babélicas que revuelven ríos para que otros pesquen. Para cambiar es necesario reconocer que los idearios políticos si existen pero que el dañino politiqueo los pervierte y los muestra como antitéticos e irreconciliables y de ahí la falta de norte y las pugnacidades. Así entonces la posibilidad de cambio en el Tolima no estriba en apologías neoliberales, anti neoliberales, partidistas o arregla mundos, sino en la decidida voluntad de aunar esfuerzos para construir una gran región social, política y económicamente diversa, autonómica y solidaria.

De utópica juzgarán la idea de que la economía tolimense debe ser pujante pero humanista y que, para lograrlo, debemos construir identidad y un aparato económico regional fundado en la sana armonía de tres formas empresariales: privada, pública y cooperativa o asociativa y todas insertas en la modernidad. De empresa privada hay buenas excepciones que tienen que volverse regla, la pública se ha ido perdiendo y debe rescatarse para nuestro desarrollo y la cooperativa debe replantear su visión, su misión y sus retos para cumplirle al Tolima.

Releer a Smith, Friedman, Marx, Rustôw, Tomás Moro y más pensadores universales es útil si esas lecturas no alienan, dividen o hacen odiar y sí ayudan a pensar un modelo novedoso de desarrollo regional. Lo público, lo privado y lo cooperativo, tres pilares para afianzar una economía donde se teoriza para construir y no para dilatar, enredar, engañar y excluir.

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