Gustavo Petro y los bajitos

Escribe: Salud Hernández-Mora

Si yo fuera Petro, más que alegrarme por la encuesta de SEMANA, estaría preocupado. Es el tuerto en un mundo de ciegos. El único candidato que tiene el camino despejado por falta de rivales en su entorno íntimo. En el Pacto Histórico no hay otro caballo.

Pero cada vez su techo es más bajo. Caer del 30 al 20 por ciento no es para celebrar. Su índice de rechazo sigue por encima del 50 por ciento, y el discurso de cambio lo desmienten las actuaciones de sus alfiles radicales. Basta escuchar a Bolívar y Pizarro.

La gente en la calle exige a los congresistas austeridad y, cuando el Congreso aprueba el gesto de que cada cual pague los viajes de sus escoltas, los dos salen a protestar: Para los demás honorables está perfecto, pero ellos son especiales y merecen que se los paguen. Enfadado, Bolívar corre a refugiarse en su mansión de Miami, y Pizarro recurre a los tribunales. Les fascina el discurso bolivariano de que todo el mundo es igual… salvo ellos.

La suerte de Petro es que en frente tiene un erial. Y no dan con un abono mágico que ayude a crecer a los aspirantes. Ni siquiera ha funcionado el viejo sistema de madurar con periódicos. Alejandro Gaviria continúa tan inmaduro en las lides políticas, a pesar de haber sido ministro muchos años, como estancado. Arrancó en globo, pero la falta de viento lo bajó a la Tierra.

De Fajardo ya no se puede esperar mucho. Ha sido esclavo de su estrategia de presentarse una y otra vez como el alternativo, el orgulloso tibio, el joven eterno. Pero sus pasos inciertos, sus silencios, sus dudas, y creer que los bluyines y volverse youtuber sin gracia atraerán a los jóvenes no le reportaron ganancias.

En eso le gana Petro, igual de sexagenario. No sé si con el bisturí o el Photoshop, el caso es que el populista logra que los jóvenes lo sientan cercano.

El hijo mayor de Galán tampoco va hacia ninguna parte. Lo mejor que podría hacer es dejar de imitar a su padre. Le queda mal y acrecienta la certeza de que los separa un abismo. Ser el primogénito no significa heredar carisma ni popularidad. Superar el minúsculo 4,2 por ciento le va a costar una barbaridad.

Fico pudo ser y no fue. Su voz sonaba potente cuando era alcalde, pero perdió volumen al saltar a la arena patria. ¿Dónde dejó los pantalones? ¿Dónde quedó su mano de hierro? Durante los paros se volvió intrascendente y no ha sabido transmitir que tiene peso en la cola y mando. ¿Podrá recuperar el pulso? Complicado.

En cuanto a los pitufos de la Esperanza, son tan intrascendentes que mejor harían en retirarse y ahorrar plata. Supongo que aspiran a ser los vices de quien quede, pero con un aporte tan raquítico, acogerlos, como para qué. ¿Qué centésima puede sumar un Roy? ¿O más bien resta? Ni siquiera el excelente senador Robledo impulsa nada.

Pero lo más decepcionante de los esperanzados y los históricos es que, a la hora del té, solo los une el eterno discurso del odio hacia Uribe. Más nada.

Por cierto, otra incoherencia de la izquierda es que, en la foto de los 13 aspirantes que marcan algo, la única mujer es de derecha y dura: María Fernanda Cabal.

Pero si en la izquierda y en el amplio centro no llueve, en la derecha la sequía llegó para quedarse. Lo siento por Zuluaga, una buena persona que volvió a la arena electoral para cosechar otra derrota. Olvidó que Santos le ganó abusando del poder y con trampas, y ahora él pretende tomar atajos. La tropa uribista está con la Cabal (que también tiene un techo bajo), y ni un ridículo baile, ni el supuesto apoyo de la bancada, ni una encuesta sin credibilidad conseguirán auparle al primer lugar.

Además de que el aspirante uribista no tendrá ninguna oportunidad si siguen envueltos en peleas intestinas y con Uribe dedicado a defender su honor cada día contra el arsenal de misiles que le lanzan.

Rafael Nieto, una derecha sin complejos y con buena formación, ni registra en la encuesta. Y a estas alturas, remontar desde ceros parece misión imposible. Lo mismo aplica al conservador Barguil con su 1,3 por ciento.

Entre los independientes, el único que marca es el lenguaraz exalcalde de Bucaramanga. Meritorio estar entre los primeros bajitos, pero solo con ruido no se avanza.

En todo caso, lo peor de la refriega en la izquierda y la derecha no serán las caídas de candidatos en el campo de batalla, sino los daños colaterales. Los partidos están sufriendo una debacle por las peleas y las divisiones. Los verdes están empeñados en parecerse a La U: una marca electorera que solo sirve para avalar a quien sea. El Centro Democrático es un ring de boxeo y corre el riesgo de volverse insignificante en marzo, igual que el desdibujado y agrietado Polo Democrático.

Colombia necesita partidos fuertes, con ideas propias y claras. Y los únicos que seguirán firmes son el Liberal, convertido por Gaviria en una próspera fábrica de mermelada, y su rival Conservador, menos eficaz a la hora de conseguir burocracia. Pero los dos dan idéntica pereza y no despiertan un atisbo de ilusión.

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