¿Ibuprofeno o cirugía mayor?

Escribe: Alberto Bejarano Ávila.-

Entre más agudos los problemas aguzado es el afán para remediarlos, pero ese afán reincide en las mismas tozudas maneras: escritos que plantean fórmulas obvias pero no seminales; charlas virtuales o presenciales con quienes siempre tuvieron poder para que nos aconsejen cómo remediar problemas que ellos patrocinaron o no solucionaron; ideas para reactivar la economía regional cuando ésta, siendo francos, nunca fue dinámica y siempre ralentizada por razones o causas que no auscultamos ni encaramos con decisión.

Cosa distinta y urgente es hacer algo para que resurjan cientos de micro empresas golpeadas por el Covid-19. De vieja data es la falta de ideas que podrían redimir al Tolima del, desde siempre, arraigado atraso sistémico y por ello, así parezca insólito, invito a un viaje en el tiempo hasta año 2030 y, desde allí, evaluar el resultado de lo propuesto en el 2020.

Pensémoslo, el ejercicio no es insensato; allá veríamos un escenario edénico que exigiría mis disculpas o veríamos la cruel realidad: que el tiempo tolimense es circular porque nosotros nos negamos a hacer análisis con enfoque histórico y por ello los años siempre se repiten. ¿Por qué no evaluar resultados de lo propuesto en 2010? Evaluar sería acto suicida para muchos pero vital para el Tolima.

Sí creemos que el inicuo sistema de salud, por negar tiempo al diagnóstico profundo, exige al médico recetar ibuprofeno a pacientes que necesitan cirugía mayor, también es de creer que algo así le sucede al Tolima, donde la levedad impide hacer diagnosis científica y certera para formular estrategias de desarrollo.

El Tolima exige cirugía mayor (no ibuprofeno) para extirpar tumores que impiden que haya pujanza empresarial, excelentes sistemas de salud y educación, músculo financiero, capacidad de inversión, balanza comercial positiva, erarios sólidos, industria y agroindustria en expansión, infraestructura moderna y creciente, medio ambiente sano y sostenible, altos índices de empleo y, en suma, una gran región de dueños.

Pero, así se formularan estrategias correctas de desarrollo, éstas no bastan, pues la carrera del desarrollo es de obstáculos y por ello en “la pista” hallamos enormes vallas: politiquería, corrupción, torpeza, partidismo anacrónico, desconfianza, egocentrismo, espíritu gregario, centralismo, mentalidad cortoplacista, fragmentación social.

Estos y otros obstáculos deben superarse para alcanzar el desarrollo y ello exige otro tipo de estrategia, fácil de trazar pero difícil de ejecutar, porque muchos actores del progreso, reconozcámoslo, son parte visceral de algunos obstáculos que zancadillean a quienes quieren llegar a la meta de la prosperidad.

De necios es querer curar las dolencias del Tolima con “ibuprofeno”, de sabios recurrir a la cirugía mayor. Las visiones, planes, ideas sueltas o guías de gestión económica serán inútiles mientras no se aplique una metódica y científica terapia sociológica para restaurar la moral, la conciencia histórica, la cultura territorial, la cultura política, el carácter, la cohesión social. Sin revivir el alma, la visión y la firmeza jamás retoñará una economía pujante y propia.

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