Génesis de nuestra situación socio-política

Escribe: Jorge Nelson Torres Jaramillo

En un concierto que se llevó a cabo el pasado sábado 30 de noviembre en la ciudad de Medellín, el artista Reguetonero J. Balvin a propósito del Paro Nacional por el que está atravesando el país, dijo: “Si se está marchando es porque algo no anda bien”.

Hay quienes consideran que esas palabras se encuentran carentes de contenido y que todo lo que se está protestando, tiene su Génesis en las “Ideologías Políticas”, de derecha o izquierda e igualmente hay quienes endilgan como causa primera de los males que aquejan a nuestro país; a la “Corrupción”; y si se le preguntase a cada uno de nosotros, se expresarán tantas respuestas como participantes existan, y cada uno asumirá su respuesta dependiendo de su perspectiva y otros desde su propio interés; pero lo fuera de sitio y alejado de la realidad es afirmar que se debe a alguna Ideología política o a la corrupción.

Si tomáramos como piedra angular de análisis tanto el Libro de Libros (Biblia) como nuestra suprema guía (Constitución Política) en cualquier Estado Social de Derecho que gritamos a los cuatro vientos que somos; podemos ver que la falta de respeto y quebrantamiento a las mismas, concluiríamos que el Génesis u origen de los males que estamos viviendo hoy, provienen de la descomposición que estamos sufriendo en el interior de la familia; familias disfuncionales que con la complacencia de la Corte Constitucional quien se ha convertido en cómplice al favorecimiento de los antivalores de la institución social, pues desde el mismo artículo 42 de nuestra carta fundamental, define a la familia en los siguientes términos:

“Artículo 42. La familia es el núcleo fundamental de la sociedad. Se constituye por vínculos naturales y jurídicos, por la decisión libre de un hombre y una mujer de contraer matrimonio o por la voluntad responsable de conformarla.

(…)”

Ahora bien, independientemente de lo que represente las preferencias e inclinaciones sexuales, pues la mayoría de las familias se acogen al modelo tradicional de la libre relación entre un hombre y una mujer, lo que si se evidencia de manera gradual que las diferentes generaciones a partir del modelo del “libre” o más bien libertinaje desarrollo de la personalidad, porque hoy en día el pretender corregir y disciplinar a un hijo es considerado un delito grave y es por eso, que los padres hemos perdido absolutamente toda autoridad de formar y educar a sus hijos y estos últimos están entonces perdiendo todo horizonte.

La familia está fracturada, porque tenemos invertidos nuestros valores y prioridades, trabajamos sin descanso por una casa, un carro y unos bienes perecederos, y ponemos nuestro corazón y nuestras metas en esas cosas pasajeras y superfluas.

La familia está herida porque no le inculcamos a nuestros hijos el amor a Dios y al prójimo, porque no aceptamos que nuestros hijos sean personas con defectos y necesitados de corrección. Porque no toleramos que se les llame la atención, y nos convertimos en fieras cuando algún profesor los llama al orden.

Estamos heridos, porque le huimos a la palabra sencillez, porque no aceptamos la austeridad ni la pobreza, porque creemos que tenemos el derecho de ser servidos, pero no nos gusta servir. Porque criamos hijos orgullosos y soberbios al haberles puesto el mundo en bandeja y les robamos la capacidad de aceptar la frustración y la dificultad.

La familia está herida porque no sabemos perdonar, porque no sabemos hablar sin herir al otro, porque le pedimos a los nuestros una perfección que no tenemos. Porque caímos en la trampa de considerar el matrimonio algo desechable.

La familia está herida, porque sacamos los principios, la ética y la moral de nuestro corazón, porque relativizamos la verdad, porque nunca hay tiempo para compartir, porque aceptamos la infidelidad, el maltrato verbal y físico, porque humillamos a nuestra pareja delante de nuestros hijos o nuestros amigos. Porque guardamos silencio ante el pecado y la maldad.

La familia está herida, porque simplemente estamos tolerando de nuestros hijos el perder el respeto por los demás; los padres, hermanos, mayores y la autoridad, reflejada en el adoctrinamiento cuando “duele, que a los muchachos de Colombia les inculquen un odio contra la Fuerza Pública”.

Definitivamente, es tiempo de ser mejores familias; es tiempo de reconocer humildemente nuestros errores; es tiempo de dar lo mejor de nosotros mismos. Es tiempo de abrir las puertas de nuestros hogares de par en par, para dejar entrar la tolerancia a los demás. Es tiempo de dejar de quejarnos exigiendo soluciones sin adquirir una posición propositiva a la perspectiva de las soluciones, pues pecamos en plantear la existencia de los problemas y no colocar sobre la mesa las soluciones viables y razonables.

Es tiempo de dedicarle tiempo a nuestros hijos; de decirles, aquí estoy; de enseñarles más que con palabras con obras, que aunque la vida sea dura, siempre podrán contar con nuestra ayuda. Es tiempo de volver al primer amor, de llenar las tinajas de esperanzas.

La familia no ha sido lastimada tan solo con estas nuevas doctrinas e ideologías que tanto nos alarman en estas semanas; es que tu o yo como padres, nos hemos encargado de abrir heridas en eso que decimos amar con toda nuestra alma.

Tal vez, hemos perdido el norte por estar buscando las cosas de abajo y olvidado las de arriba y debemos ver más allá de nuestras narices.

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