El quiebre histórico, por qué y cómo (I)

Escribe: Alberto Bejarano Ávila

El vendedor ambulante es el resultado del desempleo, y éste a su vez es el resultado de los malos gobiernos.-

Dicen que en ocasiones para que algo mejore primero tiene que empeorar. Ello hace pensar si el atraso del Tolima ya es agudo o tendrá que agravar para que los líderes decidan buscar terapias eficaces que, desde luego, deben diferenciarse de tanta receta inútil.

Adelanto tres citas (luego sabremos la razón) para intentar, en cinco entregas, un examen propositivo que dirijo a los dirigentes tolimenses; H L Mencken señala el curanderismo: “para todo problema humano hay siempre una solución fácil, clara, plausible y equivocada”; Einstein indica cómo cambiar: “si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”; Miguel de Unamuno desnuda al petulante: “lo sabe todo, absolutamente todo, figúrense lo tonto que será”.

La realidad regional suele ser mostrada en fotos y anuncios de momento pero sin referentes históricos y de ahí que, con sólo instantáneas y ficciones y sin mirar el pasado, sea imposible acordar una visión colectiva de futuro y por ello la premisa del examen es explícita: en toda variable objetiva el Tolima está estancado y en lo moral adolece de grave decadencia.

Esto trataré de explicarlo confiado en que los “agentes del desarrollo” no lo refuten con silencios o sofismas, sino con autocrítica y réplica argumentada que invite al diálogo y la unión.

Luego del proceso de elecciones territoriales 2019, como lo sabíamos quienes creemos que el Tolima vive tiempos decadentes, fue suceso carente de ideas, sombrío en intenciones y repleto de lugares comunes, quienes ganaron (elegidos y sus cohortes) irán por lo suyo, los “quemados” culparán al elector por elegir mal y los ciudadanos, siempre víctimas, veremos cuatro años más de mediocre gestión pública, de patética petulancia y de sospecha impune. Al menos yo no sufriré decepciones, pues voté por gente decente y a sabiendas de que votar nada tenía que ver con el fin del atraso y el comienzo del progreso.

Mi percepción de la pasada elección es que la turbiedad electoral va en aumento y que esa lacra significa más ruina moral en la gestión pública. Como no soy investigador u observador electoral no tengo pruebas que enviar al aparato judicial y digo esto porque mi percepción, que raya en certeza, no busca atizar la dialéctica maniquea que polariza y nada arregla o el prejuicio insano y el análisis primario que desfiguran las críticas, las propuestas y el espíritu emprendedor que en, léxico llano, significa que el buen líder hace tres cosas: pensar, opinar y construir, obrar distinto al del cacicazgo que piensa torcido, mal opina y siempre destruye.

Los males sociales no requieren mayor esfuerzo para explicarlos, pues todos los conocemos, los sufrimos y los comentamos cotidianamente. Desempleo, subempleo, desigualdad, falta de oportunidades, mal servicio de salud, deserción educativa, pobreza, miseria, indigencia, corrupción, fuga de talento, decadencia moral, inseguridad, movilidad defectuosa y caótica, conflictividad, insolidaridad. En fin, todos los males propios de una región atrasada los sufre el Tolima y, lo peor, desde años vienen en aumento y no en vía de superación.

Continúa…

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