El quiebre histórico, por qué y cómo (IV)

Escribe: Alberto Bejarano Ávila

Ibagué, Ciudad Musical, que crece pero no se desarrolla.-

“Para que todo cambie, todo tiene que cambiar”; así titulé un libro infortunado (poco leído) donde planteé, como tesis, que la visión de futuro de los tolimenses siempre fue incorrecta políticamente, tesis que ingenuamente creí sería tema de diálogo y, por tal razón, esbozaba allí unas ideas acerca de cómo producir el quiebre histórico.

Hoy, a mi juicio y como procuro demostrarlo en esta serie de artículos, las cosas siguen igual o tal vez peor y por ello reincido en ingenuidad diciendo que urge una reflexión estructurada por parte los lideres decentes sobre coordenadas, hasta hoy impensadas, que permitan hallar el cómo superar esa inercia que, sinceramente, habla mal nosotros los tolimenses.

Groso modo, la “definición del problema” fue planteada e igual se dijo que el obstáculo para corregirlo no es de inteligencia intrínseca sino de inteligencia funcional, pues la primera (de ella alardeamos) es real pero inconexa dada su naturaleza egocéntrica, es decir la misma de quien “lo sabe todo, absolutamente todo”, pero olvida que en una perspectiva sociopolítica correcta la inteligencia es colectiva, pues es simbiosis de diversidad, voluntad y saberes que, mediante el diálogo y el acuerdo, permite que los líderes quieran remar hacia el mismo lado y así producir el milagroso fenómeno del liderazgo constructivo

Mc. Luhan señala: “nuestra forma de pensar es linealizada y secuencial; nos comportamos como si estuviéramos mirando el futuro por un espejo retrovisor; nos negamos a mirarlo de frente; por inercia o rigidez nos resistimos a saltar al nuevo escenario”.

Si a ésta manera de ser y de pensar le sumamos las debilidades de los tolimenses ya referidas: talante político caudillista y mesiánico; psicología social que reconoce el desarrollo sólo desde los intereses personales y no desde el interés común y del entorno identitario-territorial; modelo mental de éxito ligado a lo gubernamental (“contratos”, clientelismo, cooptación de instituciones), entonces sabríamos cuál es el problema y qué debemos cambiar. Faltaría el cómo hacerlo.

Vencer el atraso regional no es posible mientras las soluciones se planteen desde la retórica económica y el engaño político y no se asuman como desafío histórico, sistémico y complejo que supone cientos de tareas de diversa naturaleza que deben ser realizadas, no por uno sino todos los sectores y por tanto la única solución factible es crear una mesa de diálogo temporal y concluyente a la que concurrirían los líderes decentes sin prisas protagónicas y respetando la diversidad para así poder convenir el camino común y sus estrategias.

La duración de la mesa seria de 1 o 2 años y podría escindirse en equipos temáticos que, a través de relatores, llevarían sus ideas a plenarias y así escribir la compleja guía del progreso regional.

Con otro perfil, ésta idea ya la había planteado y, como en su momento no mereció atención, la replanteo con cierto pesimismo, pero seguro de que es la única vía, pues injusto es que la inteligencia continúe en el ostracismo y la desvergüenza en el poder.

Continúa…

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