Jorge Eliécer Gaitán, su lucha y su legado

Escribe: Jorge Ancizar Cabrera Reyes.-

El pasado jueves 9 de abril se cumplieron 72 años del magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán, el Caudillo del pueblo.

Un 9 de abril, hace 72 años fue vilmente asesinado el doctor Jorge Eliécer Gaitán, llamado el caudillo del pueblo, extraordinario  jurista, académico y líder político, cuyas ideas siguen presentes en el imaginario colectivo de las masas, que aún siguen en las calles reclamando por “la restauración moral de la república”.

Dejó su indeleble huella en el liberalismo, él con su inteligencia, con su formación académica, el conocimiento del país y su oratoria le llegó hondamente al corazón del pueblo de a pie, por el que pedía justicia a una sociedad indiferente con los desposeídos de la tierra, que sufrían hambre y desesperación; por ello su anhelo en la restructuración del partido liberal como una colectividad democrática y socialista.

En su libro “Las Ideas Socialistas en Colombia”, reclamó la implantación en el territorio de un régimen de justicia social, libertad política y democracia económica, y en la Convención del Teatro Colón, reunida el 19 de enero de 1947, declaró en el artículo primero que “El partido liberal, es el partido del pueblo”, y con su proclama: “Lo que queremos es la democracia directa, aquella donde el pueblo manda, el pueblo decide, el pueblo ejerce el control sobre los tres poderes de la democracia burguesa: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial y que, además, garantice la equidad en el aspecto económico. Allí donde el pueblo es el pueblo, el pueblo ordena y ejerce un mandato directo sobre y en control de quienes han de representarlo”.

El doctor Jorge Eliécer Gaitán, era un líder que tenía y profesaba su sentir democrático, de fe en el pueblo, para con él lograr una patria más justa e igualitaria, comprometida con la justicia, la libertad y la equidad; Gaitán  un hombre del pueblo, que luchó  por los más débiles y sus injusticias.

Ese viernes 9 de abril de 1948, las balas asesinas apagaron su voz elocuente como paladín del liberalismo, como muchos otros y el sentimiento esperanzador del pueblo y sus anhelos de justicia social y ante su infame crimen, quedaron huérfanos de su caudillo y con su muerte comenzó una cólera enardecida del pueblo que reclamaba justicia; no solamente el doctor Jorge Eliécer Gaitán era en esos momentos de su muerte el Jefe del Partido Liberal, sino un ídolo del pueblo colombiano. 

La historia registró esos sucesos del 9 de abril de 1948 con el asesinato de Gaitán, como el “El Bogotazo”, un pueblo enardecido, se formó el caos, el desorden, los incendios, saqueos, heridos y muertos y comenzó la violencia política que dejó más de trescientos mil muertos.

El doctor Julio Roberto Galindo Hoyos directivo de la Universidad Libre de Colombia, fundada en la Convención Liberal de Ibagué en el año 1922 y de la cual el doctor Gaitán fue su Rector, manifestó en uno de sus libros: “Jorge Eliécer Gaitán vivió entre libros, sueños y controversias, emulando con los mejores, venciendo dificultades, superándose en cada jornada de su vida. La falta de justicia económica que increpaba en sus discursos frente a la prepotencia del poder del dinero o del partidismo, fue la esencia de su lucha en veinte años de campañas políticas. Como tribuno no tenía par, una inmensa emoción recorría el alma de sus seguidores que al dejo de sus palabras sentía el despertar de anhelos y esperanzas; en sus intervenciones parlamentarias era valeroso y osado defensor de la verdad y las clases oprimidas; en sus intervenciones forenses manifestaba su mística por la justicia; en sus conferencias académicas enseñaba postulados de prominente alcance científico y filosófico. Fue asesinado en el cenit de su prestigio, cuando se había convertido en la sustancia y la médula del pueblo y sus ideas eran impulsadas por el soplo huracanado de las muchedumbres que lo llevaban al solio presidencial”.

Difícilmente Colombia volverá a parir un caudillo como Jorge Eliécer Gaitán, un líder que sí pensaba en su pueblo y trabajaba para su pueblo, sin distingo de clases y sin ambiciones mezquinas.

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