No hay libertad de prensa bajo el socialismo

Escribe: María del Alba Orellana*.-

La libertad de prensa y el socialismo, eternos enemigos.

Los atropellos sobre la libre expresión son moneda corriente en los gobiernos de corte autoritario.

El 26 de junio de 1961 el “Che” Guevara afirmó: “Hay que acabar con todos los periódicos, pues no se puede hacer una revolución con libertad de prensa”.

Lamentablemente, casi 60 años después, los ecos de tal afirmación siguen resonando en Latinoamérica, tal como lo reflejó claramente la última Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Su Presidente, Jorge Canahuati, afirmó que “una sociedad sin medios va camino a la autodestrucción”. Y refiriéndose a la crisis económica que atraviesan varios medios de comunicación señaló que ello no sólo afecta a las empresas periodísticas: “Sin medios ni periodistas existe menos protección para la gente, menos fiscalización de las entidades públicas y privadas y se desborda la corrupción, la pobreza y el autoritarismo”.

La escasa tolerancia del socialismo para con las voces disidentes

Así lo muestran las cifras del World Press Freedom Index, elaborado por la organización “Reporteros sin fronteras”, donde se vuelca información de 180 países. La mejor calificación le corresponde a Noruega y la peor recae, como era de esperar, sobre Corea del Norte, país que no viene precisamente destacándose por su aceptación de las discrepancias.

Latinoamérica también deja mucho que desear. Salvo por algunas excepciones, como la posición de Jamaica en el sexto puesto del ranking mundial, la de Costa Rica en el séptimo y Uruguay en el decimonoveno. Los demás países de la región no destacan precisamente por sus buenas calificaciones. Más bien todo lo contrario. A título de ejemplo, Cuba ocupa el lugar 171 y Venezuela el 147. La SIP dedicó resoluciones especiales a ambos países, así como también a Nicaragua, Bolivia y Panamá.

La situación en Cuba

Por supuesto, la isla siempre es ejemplo de limitación a la libertad. La SIP condenó expresamente los recientes bloqueos ensayados por ETECSA, empresa estatal monopólica del régimen cubano en el área de telecomunicaciones sobre los accesos VPN y redes sociales como Telegram .

Al mismo tiempo, la SIP reprobó la “manipulación de estatutos, decretos legales y constitucionales para sancionar el ejercer del periodismo”. De hecho, el informe indica que mediante el decreto 370 “se censura y monopoliza el uso de internet y que se han impuesto multas a decenas de personas por expresarse en redes sociales”.

La persecución en Venezuela

El régimen venezolano también es famoso por sus violaciones a la libertad de prensa.

Las amenazas son corrientes. Según denuncia el comunicado de la SIP, las intimidaciones verbales tienen un “carácter masivo e indiscriminado”. El organismo también declara que hay “detenciones arbitrarias” y que militares y policías impiden la “libre circulación de los periodistas”. Estas detenciones generalmente van acompañadas del allanamiento de los medios en los que se desempeñan o el robo de sus equipos de trabajo, con la consecuente eliminación de cualquier material que pudiera resultar incómodo para el régimen.

Y hay veces que se llega muy lejos. Nos viene a la mente el caso de Andrés Eloy Nieves Zacarías y Víctor Torres, dos comunicadores de Guacamaya TV, asesinados durante un operativo policial llevado a cabo por las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES), cuerpo fundado por Nicolás Maduro en 2016 y que ha sido acusado de llevar a cabo ejecuciones extrajudiciales.

“Una tormenta perfecta”

La situación de los medios de comunicación en América fue definida como “una tormenta perfecta” por Roberto Rock. Según lo reseñado por EFE, el directivo de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) afirmó que “la tragedia del Covid-19 ha agudizado una tendencia contraria a la libertad de expresión existente en muchos países”. Esto, sumado a la crisis económica general y la propia de los medios y un clima político enconado y polarizado, es una combinación explosiva.

En este contexto, las reflexiones del argentino Alberto Benegas Lynch (h) cobran especial relevancia. “El debate de ideas resulta imprescindible para ensanchar el conocimiento, de allí que la libertad de expresión no solo es una manifestación básica de respeto, sino que el contraste de distintas ideas resulta vital para adquirir conocimientos. En esto estriba el progreso intelectual del que deriva todo progreso humano”.

Luchar contra los autoritarismos, por una prensa independiente y libre, fuera de todo control o influencia estatal, es una tarea a la que todos los latinoamericanos deberíamos abocarnos. Urgentemente.

* María del Alba Orellana, nació en 1991 en Buenos Aires.
Lic. en Historia de las Artes (USAL) y Master en Estudios Internacionales (UCEMA).
Editora y columnista. Colaboradora de diversas fundaciones liberales en Argentina.

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