“Operación exterminio” para estudiantes

Escribe: Luis Hernando Granada C.

Por medio de la directiva 012, el Ministerio de Educación dio a conocer los parámetros con los que se llevará a cabo el regreso a las aulas en los colegios privados, a partir del próximo 1º. de agosto.

Es obvio que estos colegios deben prepararse durante estos dos meses para cumplir con los protocolos de bioseguridad, elaborando al mismo tiempo las estrategias pedagógicas y metodológicas para funcionar mediante el modelo de alternancia.

Personalmente me parece que esto es un acto irresponsable por parte del Ministerio, que desconoce que muchos colegios andan graves en materia sanitaria, es decir, baterías sanitarias, lavamanos suficientes, y especialmente una vigilancia severa sobre sus educandos.

Sería muy bueno que los alumnos regresaran a sus clases presenciales porque la “educación virtual” les quedó grande a los profesores, y de acuerdo a una breve encuesta realizada, desde que se declaró el abandono de las aulas, muchos estudiantes no volvieron a verle la cara a sus profesores, los cuales se limitaron a ordenar a través del WhatsApp, trabajos académicos, repaso o lectura de algún texto y cosas por el estilo y por demás superficiales. Les quedó grande, al igual que a nuestros “honorables” congresistas, el trabajo vía internet. Dice la citada Directiva 012, “que cada colegio tomará las decisiones pertinentes de acuerdo con el comportamiento de la pandemia en su territorio y su capacidad para atender los protocolos de bioseguridad”. ¿Y quién los va a vigilar? Se supone que cada Secretaría de Educación a nivel regional, o los padres, porque la citada norma dice que “los padres de familia deberán prestar especial atención a la información que dará cada establecimiento educativo para el regreso a clase”.

¿Quién va a poder controlar a los pequeños infantes para que no jueguen a la “lleva”, al “ponchao”, o a los más grandecitos para que no busquen la manera de darle un “besito” a su novia o novio que hace meses no ven? Por lo general, en el espacio del recreo, los profesores se reúnen entre ellos, hablan sus cosas, pero jamás están pendientes de sus alumnos, labor que delegan a los “coordinadores”.

De otra parte, la cartera de Educación señaló que junto con el Ministerio de Salud se preparan unas orientaciones respecto a los protocolos de bioseguridad que incluirán temas como el uso de tapabocas, lavado de manos y distancia social que se debe garantizar en las aulas. Por favor, estamos hablando de chicos, de infantes, entre los cuales muy pocos saben del peligro que corren.

¿Estará equivocada la Ministra de Educación, María Victoria Angulo? Hay que tener en cuenta que si los adultos no se han sometido ni han respetado las sugerencias de la bioseguridad sanitaria, mucho menos lo van a hacer estos pequeños.

Con mucha razón y con un juicio más centrado y responsable, muchos padres de familia dicen que prefieren que sus hijos pierdan un año de estudio a que corran riesgos que inteligentemente se pueden evitar.

¿Cuál es el afán?

Detrás de todo esto está Fecode –la Federación Comunista Depredadora–, y dicen, –los que tienen que saberlo–, que el afán de Fecode es la recuperación de las cuotas de sostenimiento de sus afiliados y el deseo de seguir adelante con su criminal adoctrinamiento de los estudiantes hacia el comunismo/socialista.

Nada de raro tiene esta apreciación porque Fecode, al igual que Sayco y Acinpro, no le sirven para nada a sus afiliados. Por el contrario, los cabecillas de Fecode están actuando de manera irracional al convocar a paros y marchas en medio de la pandemia. Es una minoría que obligan a docentes a marchar y apoyar estos plantones. Plantones que a su vez están apoyados y convocados desde la sombra por personajes de la izquierda como Petro, Fajardo, Robledo, Claudia López, Iván Cepeda, Roy Barreras, Navarro Wolf y otros más cuyo interés solo es desestabilizar el gobierno.

Queda claro entonces que predominan intereses mezquinos por parte de algunos miembros de Fecode que están pensando en el bien personal, más no colectivo.

¿Y los colegios y escuelas públicos?

Para este sector la situación es peor. De acuerdo a mis investigaciones, de forma presencial y a través de muchos alumnos, las escuelas y colegios, no presentan las más mínimas garantías para regresar a clases. Estuve en el Colegio Guillermo Angulo, en el sur de la ciudad de Ibagué y las condiciones de seguridad y de baterías sanitarias es insuficiente y se encuentran en mal estado, al igual que el Colegio Carlos Lleras Restrepo de El Salado. En éste último tuve la oportunidad de entrar y ver que uno de sus patios es en tierra, presenta raíces  que brotan de la tierra y alteran la superficie convirtiéndose en verdaderas trampas para los alumnos. Así sucesivamente existen muchas anomalías en otros colegios. Podría ser ésta la época para que los gobernantes tomen medidas y acondicionen las instalaciones, pinten los salones, reparen las baterías sanitarias y hagan lo que corresponda para que la estancia y la educación en esos sitios sea agradables.

De momento, estoy de acuerdo con muchos padres de familia cuando dicen que prefieren que sus hijos pierdan el año y no mandarlos a los centros educativos a correr riesgos innecesarios. Nuestros gobernantes y los educadores deben ser más responsables, porque es muy fácil, detrás de un escritorio, dar órdenes imprudentes en lugar de pensar en la salud y el futuro de los hijos.

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