¿Qué es lo concreto y lo propositivo?

Escribe: Alberto Bejarano Ávila.-

Como garrapateador de ideas sobre el Tolima, cada opinión del lector, a más de enseñarme, me sirve para sopesar cómo se entiende lo que pretendo decir y por ello cuando me invitan a ser concreto y propositivo me preocupo pues, lo confieso, creo serlo.

Pensando la cuestión deduzco que hay dos maneras de ver o espacios para encuadrar lo concreto y lo propositivo; en el primero situaría lo cotidiano, palmario y sensible y en el segundo, donde yo me quiero inscribir, así sea como “cusumbo solo”, situaría lo histórico, teórico y complejo. Lo explico:

En el primer espacio encuadran problemas como desempleo, subempleo, rebusque, ventas ambulantes, semáforos, conflicto de género, inseguridad, corrupción, parqueaderos, zonas azules, pavimentos, habitantes de calle, servicios públicos, violencia, etc. Sobre estos males, reales y sensibles, muchos hacen inteligentes análisis y plantean sugestivas propuestas para remediarlos, propuestas que los burócratas nunca oyen; ¿Acaso alguna vez las escucharon y atendieron? Pues no, la experiencia enseña que políticos y gobernantes padecen sordera total (cofosis), porque si oyeran entonces aquellos hoy ya no serían problemas a resolver.

En el segundo espacio encuadraría al Tolima, su visión de futuro, su progreso, su historia de frustraciones, la necesidad de cambiar y más. Estas categorías son concretas pero complejas y no simples y allí subyacen las soluciones a problemas visibles y sensibles y por ello también merecen propuestas concretas y propositivas, y no justamente dirigidas al insensible querer burocrático-político, sino a todo el tejido social y económico del Tolima, única instancia que podría afinarlas para empezar a corregir las dañinas consecuencias de la mala construcción histórica del Tolima. Bien dice la sabiduría popular: “muerto el perro, se acabó la chanda”.

Entonces concreta y propositiva también es la opinión de cambiar la historia del Tolima que, por haberse construido con ideas falseadas, ocasiona problemas sensibles. Con respeto digo que plantear soluciones sin conocer o rehuyendo las causas de los problemas es amplificar la paradoja gatopardesca: “que todo cambie para que nada cambie”. Si a ello añadimos que, por “cultura”, acostumbramos delegar en gobiernos y poderes externos la tarea de corregir nuestros propios problemas, entonces es inviable que surja el espíritu emprendedor y por tanto seguiremos haciendo buena crítica, llevando propuestas a orejas sordas y delegando el privativo e indelegable deber de construir otra realidad para las próximas generaciones.  

Gratitud debo a la opinión del lector, pues me permite opinar que, cuando lo propositivo y lo concreto se orienta a lo puntual y sin examen de causa, es como ver puntadas y no tejidos y que es imposible solucionar lo puntual eludiendo lo complejo. Los males sociales sensibles nacen de la ausencia de desarrollo y por ende éste es el fin común a lograr.

Desde luego el control político es vital para que los gobiernos cumplan sus planes de desarrollo, planes que siempre fueron letra muerta o “paños de agua tibia” y nunca proyectos de transformación.

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