¿Qué es realmente la Navidad?

Escribe: Luis Hernando Granada C.

Me apoyaré –como solemos hacer los Periodistas y escritores–, en viejos y empolvados textos de historia, sin el compromiso de acertar porque los autores difieren de unos a otros.

Navidad es un término de origen latino que significa nacimiento, y da nombre a la fiesta que se realiza con motivo de la llegada de Jesucristo a nuestro mundo.

El término también se utiliza para hacer referencia al día en que se celebra: el 25 de diciembre (para las iglesias católicas, anglicanas, ortodoxa rumana y algunas protestantes) o el 7 de enero (para las iglesias ortodoxas que no adoptaron el calendario gregoriano).

Aunque la tradición indica que el nacimiento de Cristo se produjo un 25 de diciembre en Belén, los historiadores creen que la verdadera natividad de Jesús tuvo lugar entre abril y mayo.

Esta teoría se basa en cuestiones geográficas imposibles de negar: por ejemplo, se sabe que en el hemisferio norte el mes de diciembre coincide con el invierno, lo cual pone en duda que los pastores hayan estado al aire libre, que el cielo de esa noche haya sido estrellado, todos elementos de los hechos narrados en los textos bíblicos.

De todas formas, la Iglesia Católica tomó la decisión de mantener la fecha convencional de la Navidad. Se cree que sus razones fueron que coincidiera con los ritos paganos por el solsticio. De hecho, existían importantes festejos que se realizaban el 25 de diciembre aún antes del nacimiento de Cristo: el Cápac Raymi de los Incas, el Natalis Solis Invicti de los romanos y otros.

Para el cristianismo, el festejo de la Navidad implica varias tradiciones. Suele realizarse un banquete que comienza en la cena del 24 de diciembre y se extiende hasta después de la medianoche (es decir, hasta el día del nacimiento); se arman “belenes” o pesebres, como construyendo una maquetas de Belén que representan la natividad); se cantan villancicos y se adorna un árbol.

La Navidad ha trascendido los límites de la religión y tiene como símbolo a Papá Noel (también conocido como San Nicolás y Santa Claus). ¿En qué momento se nos “coló” o nos adjudicaron al vejete gordo y canoso de larga barba en las costumbres colombianas?. No lo sé; no existe registro claro y preciso, pero Papá Noel es un personaje inspirado –según consta en algunos viejos textos–, en un obispo griego, que se encargaba y aun “se encarga” de llevar regalos a los niños de todo el mundo a las 0 horas del 25 de diciembre.

Los tintes negativos de la Navidad

Como se menciona anteriormente, la celebración de la Navidad ya no está necesariamente ligada a la tradición cristiana, ni a una creencia religiosa. Casi por el contrario, los festejos más pomposos son llevados a cabo por ateos, o bien por gente que no practica la religión de manera ortodoxa, y se centran en la comida y los regalos, en lo sofisticado y llamativo del árbol y en lo numeroso de las reuniones familiares.

Una familia tipo de clase media, generalmente compuesta por un padre y una madre que trabajan un mínimo de cuarenta horas semanales cada uno, y dos hijos, suele gastar lo equivalente a un sueldo mínimo entre las decoraciones, la cena de Noche Buena y los regalos.

Esta supuesta “necesidad”, que convierte la Navidad en una fecha materialista, acarrea un malestar en los días previos y un obligado ajuste de presupuesto en los siguientes.

La crisis ha ciertamente repercutido en esta costumbre; pero no para entrar en razones y optar por disfrutar de esta fecha icónica de una forma más espontánea y espiritual, sino para recortar los gastos de manera que no sea necesario prescindir de ningún elemento del festejo.

Resulta curioso que una celebración que comenzó como una tradición religiosa, de alguna manera indispensable para quienes adoptan el cristianismo, preocupe más a los no creyentes y los someta a una serie de obligaciones cuidadosamente diseñadas y estructuradas de forma rígida e inamovible.

Independientemente de las creencias místicas, es innegable que en torno a la Navidad gira una interesante combinación de actitudes y sentimientos, tales como la entrega, la culpa y el sufrimiento.

¿Se perdió la parte espiritual?

Obviamente; en muchos hogares se arma el tradicional pesebre pero no se reza la Novena; se arma un árbol solo por ostentación, siempre con la idea de que sea por lo general, el mejor de la familia, con figuras, detalles y adornos por lo general importados porque en Colombia el extranjerismo es delicioso.

Recogimiento, a través del recuerdo de una fecha tan importante para el cristianismo, realmente no existe y por lo general los que aprovechan son los comerciantes, los fabricantes, los sitios de diversión, los balnearios, los restaurantes y productores de viandas y licores.

Por eso tal vez muchos –como yo–, dejemos escapar una lágrima, no solo por el recuerdo y la nostalgia que produce traer a la mente la visión de los seres queridos que ya partieron, sino porque nada volverá a ser como antes; porque ya el árbol no es natural –el chamizo–; la choza ya es prefabricada y no construida por los padres y los hijos de la familia, y la Novena, ya resulta como un canto triste en medio de un acto obligado, no por la espiritualidad sino por el modernismo.

Qué tristeza; en mi época –no me apena confesar que soy contemporáneo con Amparo Grisales–, acompañados de nuestros padres, escalábamos las montañas de Cerro Gordo y La Martinica para conseguir el musgo, las ramas de palmiche para construir el pesebre, y de las quebradas El Tejar y La Arenosa –hoy casi extinguidas por el urbanismo, recogíamos piedritas para hacer los caminos.

Todo se iniciaba el día 7, el tradicional Día de las velitas, porque bien temprano buscábamos a la orilla de La Arenosa, guaduas propicias para armar los arcos en cuyos cañutos nos dábamos mañas de colocar las velas de cera y no los bombillos que nos impusieron las empresas de energía. Recuerdo que las ovejas se construían en greda y se pintaban de blanco. Los pesebres eran de “Bartoplas”, resistentes y hermosos. Los árboles se construían de estropajo que luego se pintaban de verde.

Reunidos los materiales, sobre el día 15 ya el pesebre estaba listo, natural y extenso, pero se armaba en familia, siempre con la ilusión de que el Divino Niño y no el vejete de Santa Claus nos trajera lo que a través de cartas hechas a mano, los niños y adultos le pedían.

Hoy todo cuan distinto; los catastrofistas –que ahora se hacen llamar ambientalistas–, prohibieron todo lo natural, auténtico y hermoso, y la tradición se fue muriendo, pero en el colmo de la desfachatez, hace poco escuché villancicos y temas navideños de Novena en ritmo de “restregón”. Qué falta de respeto.

Entienden ahora ¿por qué todo tiempo pasado fue mejor?   

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