¿Quién fue el mayor asesino de la historia?

Escribe: Ilya Somin*

Los más grandes asesinos de la historia son todos de izquierda. (FEE)

Aunque los horrores del Gran Salto Adelante son bien conocidos por los expertos en comunismo e historia china, rara vez son recordados por la gente común fuera de China, y sólo han tenido un modesto impacto cultural.

¿Quién fue el mayor asesino en masa de la historia del mundo? La mayoría de la gente probablemente asume que la respuesta es Adolf Hitler, arquitecto del Holocausto. Otros podrían suponer que el dictador soviético Joseph Stalin, que de hecho pudo haber logrado matar a más personas inocentes que Hitler, muchas de ellas como parte de una hambruna terrorista que probablemente cobró más vidas que el Holocausto.

Pero tanto Hitler como Stalin fueron superados por Mao Zedong. De 1958 a 1962, su política del Gran Salto Adelante provocó la muerte de hasta de 45 millones de personas, convirtiéndolo en el mayor episodio de asesinato en masa jamás registrado.

La vasta, cruel y deliberada extinción de millones de personas

El historiador Frank Dikötter, autor del importante libro La gran hambruna de Mao, publicó recientemente un artículo en History Today, en el que resume lo sucedido:

El comunista Mao pensó que podía catapultar su país más allá de sus competidores al arrear a los aldeanos de todo el país en gigantescas comunas populares. En la búsqueda de un paraíso utópico, todo se colectivizó. A la gente le quitaron su trabajo, sus casas, sus tierras, sus pertenencias y sus medios de vida. En las cantinas colectivas, la comida, distribuida a cucharadas según el mérito, se convirtió en un arma utilizada para obligar a la gente a seguir todos los dictados del partido. A medida que se eliminaban los incentivos al trabajo, se utilizaba en cambio la coacción y la violencia para obligar a los agricultores hambrientos a realizar trabajos en proyectos de irrigación mal planificados mientras se descuidaban los campos.

Se produjo una catástrofe de proporciones gigantescas

Extrapolando las estadísticas publicadas sobre la población, los historiadores han especulado que decenas de millones de personas murieron de hambre. Pero las verdaderas dimensiones de lo sucedido sólo ahora salen a la luz gracias a los meticulosos informes que el propio partido recopiló durante la hambruna…

Lo que sale de este masivo y detallado expediente es un relato de horror en el que Mao emerge como uno de los mayores asesinos en masa de la historia, responsable de la muerte de al menos 45 millones de personas entre 1958 y 1962.

No es sólo la magnitud de la catástrofe lo que empequeñece las estimaciones anteriores, sino también la forma en que murieron muchas personas: entre dos y tres millones de víctimas fueron torturadas hasta morir o asesinadas sumariamente, a menudo por la más mínima infracción.

Cuando un niño robó un puñado de grano en una aldea de Hunán, el jefe local Xiong Dechang obligó a su padre a enterrarlo vivo. El padre murió de pena unos días después.

El caso de Wang Ziyou fue denunciado a la dirección central: le cortaron una de sus orejas, le ataron las piernas con alambre de hierro, le dejaron caer sobre la espalda una piedra de diez kilos y lo marcaron con una herramienta extenuante, como castigo por desenterrar una papa.

Los hechos básicos del Gran Salto Adelante han sido conocidos por los estudiosos desde hace mucho tiempo. El trabajo de Dikötter es notable por demostrar que el número de víctimas puede haber sido aún mayor de lo que se pensaba anteriormente, y que el asesinato en masa fue más claramente intencionado por parte de Mao, e incluyó un gran número de víctimas que fueron ejecutadas o torturadas, en lugar de “simplemente” morir de hambre. Incluso las estimaciones estándar anteriores de 30 millones o más aún harían de este el mayor asesinato en masa de la historia.

Aunque los horrores del Gran Salto Adelante son bien conocidos por los expertos en comunismo e historia china, rara vez son recordados por la gente común fuera de China, y sólo han tenido un modesto impacto cultural. Cuando el mundo occidental piensa en los grandes males de la historia del mundo, rara vez piensan en éste.

En contraste con los numerosos libros, películas, museos y días de recuerdo dedicados al Holocausto, hacemos poco esfuerzo por recordar el Gran Salto Adelante, o asegurarnos de que la sociedad haya aprendido sus lecciones. Cuando juramos “nunca más”, no solemos recordar que debería aplicarse a este tipo de atrocidades, así como a las motivadas por el racismo o el antisemitismo.

El hecho de que las atrocidades de Mao hayan causado muchas más muertes que las de Hitler no significa necesariamente que él fuera el más malvado de los dos. El mayor número de muertes se debe en parte al hecho de que Mao gobernó sobre una población mucho mayor durante mucho más tiempo. Yo mismo perdí varios parientes en el Holocausto, y no deseo disminuir su importancia. Pero la gran escala de las atrocidades del comunismo chino las pone en el mismo nivel general. Como mínimo, merecen mucho más reconocimiento del que reciben actualmente.

¿Por qué le restamos importancia a los crímenes del comunismo?

¿Qué explica este descuido? Una posible respuesta es que la mayoría de las víctimas fueron campesinos chinos, personas que están cultural y socialmente distantes de los intelectuales y figuras mediáticas occidentales que tienen la mayor influencia sobre nuestra conciencia histórica y cultura popular. Como regla general, es más fácil empatizar con víctimas que parecen similares a nosotros. Pero un factor aún más importante en nuestro relativo descuido del Gran Salto Adelante es que es parte de la tendencia general a restarle importancia a los crímenes cometidos por los regímenes comunistas, en contraposición a los autoritarios de la derecha. A diferencia de los días de Mao, hoy en día muy pocos intelectuales occidentales simpatizan con el comunismo. Pero muchos son reacios a aceptar plenamente el gran mal que fue, temerosos –por ventura– de que otras causas de izquierda pudieran verse empañadas por la asociación.

En China, el régimen ha admitido en los últimos años que Mao cometió “errores” y ha permitido cierto grado de discusión abierta sobre esta historia. Pero el gobierno no está dispuesto a admitir que el asesinato en masa fue intencionado y sigue reprimiendo y persiguiendo ocasionalmente a los disidentes que señalan la verdad. Esta renuencia es un resultado obvio del hecho de que el Partido Comunista todavía gobierna China. Aunque han repudiado muchas de las políticas específicas de Mao, el régimen aún deriva gran parte de su legitimidad de su legado.

Experimenté, de primera mano, la ambivalencia oficial de China sobre este tema cuando di una charla sobre esto mientras impartía un curso como profesor visitante en una universidad china en 2014.

¿Por qué es importante?

Tanto para los chinos como para los occidentales, el no reconocer la verdadera naturaleza del Gran Salto Adelante conlleva graves costos. Algunos sobrevivientes del Gran Salto Adelante siguen vivos hoy en día. Merecen un reconocimiento mucho mayor por la horrible injusticia que sufrieron. También merecen una compensación por sus pérdidas, y la imposición de un castigo apropiado a los perpetradores todavía con vida.

Además, nuestra continua ignorancia histórica sobre los crímenes de Mao y otros gobernantes comunistas nos lleva a subestimar los horrores de esas políticas y hace más probable que puedan revivir en el futuro. La horrenda historia de China, la URSS y sus imitadores, debería haber desacreditado permanentemente el socialismo tan completamente como el fascismo fue desacreditado por los nazis. Pero no lo ha hecho –hasta ahora–.

El gobierno socialista de Venezuela ha provocada una hambruna y éxodo gigantesco. Sin embargo, la mayor parte de la cobertura mediática de esta injusticia no señala la conexión con el socialismo, o que la política tiene paralelos en la historia de la Unión Soviética, China, Cuba, y otros regímenes similares. Un análisis incluso afirma que el verdadero problema no es tanto el “socialismo como socialismo”, sino más bien la “marca particular de socialismo de Venezuela, que fusiona malas ideas económicas con una marca distintiva de intimidación de hombres fuertes”, y es propenso al autoritarismo y a la “mala administración”.

El autor simplemente ignora el hecho de que el “acoso del hombre fuerte” y la “mala gestión” son típicos de los estados socialistas de todo el mundo. Las naciones escandinavas, a veces citadas como ejemplos de socialismo exitoso, no son en realidad socialistas en absoluto, porque no cuentan con la propiedad gubernamental de los medios de producción y, en muchos aspectos, tienen mercados más libres que la mayoría de las demás naciones occidentales.

La trágica situación de Venezuela no sorprendería a nadie familiarizado con la historia del Gran Salto Adelante. Haríamos bien en dar, finalmente, al mayor asesinato en masa de la historia la atención que merece.

* Ilya Somin es Profesor de leyes en la Universidad George Mason.

T. de PanAm Post

Pilas Colombia: https://www.facebook.com/geovanny.gomez.108/videos/pcb.878079062604391/878674469211517/?type=3&theater

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