Reviviendo nuestra historia

Escribe: Jorge Ancizar Cabrera Reyes

El 17 de abril del año 1854 se instaló como Jefe de Estado el General José María Melo, que nació el 9 de octubre de 1800 en Chaparral y murió el 1 de junio de 1860 en la Trinitaria Chiapas México.

La intervención en la política granadina de los artesanos, de los militares y de las organizaciones populares de Bogotá tuvo su origen en la década de los años 40 correspondiente al siglo XIX.

La clase dominante en esa época, multiplicaron a través de las Sociedades de Artesanos una forma de educación revolucionaria que enseñaba que el poder político emanaba del pueblo, que era el mismo pueblo con su participación democrática del voto universal el que legitimaba el poder, buscando que las masas populares representadas por los artesanos coparan ese espacio político que ya en la década de los años 50 del siglo XIX había sustancialmente cambiado.

Con el llamado “Cuartelazo” del General José María Melo, se inició la “revolución del 17 de abril de 1854 y al mando de 900 hombres, entre soldados veteranos y guardias nacionales, junto al General José María Melo desafiaron abiertamente la Constitución recién promulgada y las instituciones nacionales”.

Ahí se integró un Gobierno Provisional dirigido a “regenerar” el Estado y la nación en tres aspectos fundamentales para el funcionamiento del Gobierno Provisional, así: La forma de Estado, la Fiscalidad y la Organización militar. En el libro de Gustavo Vargas Martínez, “Colombia 1854: Los Artesanos y el Socialismo”, sostiene el autor “que la prensa jugó un papel preponderante en la medida que a través de los debates políticos de corte europeo, liberales tradicionales -draconianos, liberales modernos -gólgotas- y conservadores comenzaron a hacer uso de las movilizaciones urbanas”.

Esas movilizaciones tuvo un efecto inesperado para la clases dominantes, que sembró la semilla del socialismo utópico a través de las sociedades democráticas y de la lucha política, lo que dio como resultado el surgimiento de una conciencia de clase y de la sublevación de 1854; ese gobierno eminentemente popular duró seis meses.

Melo, con su primera proclama: “Vosotros componéis la parte más importante de ejército de la república. Consagrados tranquilamente a las productivas artes de la paz, vosotros sabéis dejar cuando la patria os llama, el carbón y el compás y empuñar la espada y el fusil para defender sus sacrosantos fueros”.

En el primer decreto orgánico del su gobierno Melo hizo una serie de definiciones de tipo legal, entre las que se destacan dos; “se declaró inviolable la propiedad de los granadinos, pero se previó la justa indemnización cuando aquella se requiera para usos públicos y además decretó la libertad para el ejercicio de cualquier profesión, arte u oficio y se declararon abolidos todos los monopolios”.

Este es fue un gran chaparraluno, un buen tolimense y un extraordinario Presidente de Colombia, olvidado porque aún sus restos no han podido ser repatriados de México, a su gran patria que lo vio nacer; por la que luchó y defendió a los pobres.

El historiador Darío Ortiz Vidales describió a Melo, así: “Vestía en Bogotá con capa corta de húsar, cachucha galoneada, ancho pantalón y sable al cinto. Era de mediana estatura, lampiño, ancho de espalda, nariz abultada un tanto corva, corta y gruesa, y cabeza con los cabellos cortados al rape”.

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