Se perdió la coherencia política

Escribe: Guzmán González

Juan Guaidó, Presidente interino de Venezuela. (Foto: EFE)

La coherencia en todo discurso es primordial, sobre todo en momentos en los que Venezuela clama respuestas y soluciones.

Un día le preguntaron a Mahatma Gandhi sobre los factores que destruyen al ser humano. Y él respondió así: “la política sin principios. El placer sin compromiso. La riqueza sin trabajo. La sabiduría sin carácter. Los negocios sin moral. La ciencia sin humanidad, y la oración sin caridad”. Hoy decido repetir estas líneas que no han perdido vigencia, pero actualizadas.

Justo me he quedado con lo primero “la política sin principios”, pero yo le agregaría “y sin coherencia”. La coherencia en todo discurso es primordial, sobre todo cuando hay un país que clama respuestas y soluciones. Ser coherente es tener conexión de unas cosas con otras, pero también significa ser responsables con lo que hacemos y decimos.

Ahora bien, ¿usted cree que es coherente la dirigencia opositora en Venezuela? Yo tengo mi propia opinión, –también soy opositor al chavismo y madurismo–, y no es más que la lógica escondida en falsos discursos que adormecen las ganas de todos. No se puede entender como luego de dos décadas sigamos en el mismo lugar, con los mismos gobernantes y las mismas políticas. Por otro lado, las mismas caras con nombres distintos: Coordinadora Democrática, Mesa de la Unidad, Frente Amplio y para usted de contar cuantas coaliciones hemos visto y apoyado para tratar de buscar una salida.

Prefieren darle la mano y abrazos con besos incluidos a Rodríguez Torres, Luisa Ortega Díaz o Gabriela Ramírez, responsables y culpables de cientos de casos de muertes y corrupción, hasta el punto de incluirlos en el llamado Frente Amplio (que no es “amplio” porque rechazan, excluyen e insultan a líderes como María Corina, Antonio Ledezma, Diego Arria, y otros que se quedan fuera). Muchos me dirán que esto es dividir, así los han manipulado.

La culpa no es de la vaca. La culpa esta vez es de la coherencia política que hace vida en Venezuela. Nos dicen que el Consejo Nacional Electoral (CNE) es ilegal, pero se suman y se inscriben; afirman que el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) es ilegitimo e írrito, pero introducen recursos de amparo e interpretaciones constitucionales; declaran que el Ministerio Público es usurpador y sin validez, pero acuden para denunciar casos y más casos; exigen a la Defensoría del Pueblo garantías de derechos humanos, pero a la vez no la reconocen. Durante la gestión de Julio Borges como presidente de la Asamblea Nacional, se destituyó a Maduro y se desconoció su mandato, sin embargo, pasaron unos días e invitaron al propio Maduro a medirse en elecciones “para que se diera cuenta el rechazo del pueblo”.

También para que no se nos olvide, el 16 de julio del 2017 se convocaron a los ciudadanos a votar por tres preguntas y desconocer a la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), y aunque el pueblo votó a favor, pareciera que fue una pérdida de tiempo y de esperanzas. Pues, se dejaron quitar el hemiciclo protocolar.

No me vengan con el cuento aburrido que esto es división, no, no lo es. En política debemos autocriticarnos, autoevaluarnos y ser sensatos. No podemos callarnos y dejar que los amos dueños de pocos partidos decidan por nosotros. Eso lo hace el PSUV en donde una sola voz decide por ellos y sin dejarlos hablar ni opinar. ¿Queremos ser PSUV? Entonces vamos a exigirles a nuestros dirigentes coherencia y principios.

Tampoco podemos participar en elecciones con el Consejo Nacional Electoral viciado. No se puede caer en el juego del Gobierno. El régimen de Maduro, tiene todos los poderes de Estado a su favor y controlados. Sí, todos porque hasta a la Asamblea Nacional le quitaron la voz. Necesitamos soluciones. Consciente estoy de que ambos sectores tienen la solución, pero pareciera que a ninguno les conviene aplicarla puesto que saldrían perjudicados. Muchas conexiones, dinero, empresas y pare usted de contar.

Otro tema delicado y de suma importancia, es el tema de los que somos periodistas y comunicadores. Se nos sataniza por dar opiniones críticas y contrarias a lo que parece ser mentira e inviable. Nos tildan de vendidos, comprados y hasta parte del régimen. Les explico algo breve: en mi caso, me gradué para informar, y dentro de mi carrera existe algo llamado “periodismo de opinión”, legalmente reconocido y hasta premiado. Yo puedo trabajar con quien sea, eso no afecta mi carrera, pero no pueden juzgar por opinar, ya que constituye delito según las leyes. Los políticos y gobiernos pasan, los periodistas quedamos.

T. de PanAm Post 

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