¿Se puede o no se puede?

Escribe: Alberto Bejarano Ávila.-

Atinados comentarios suscitó el anterior artículo (“Los requetecínicos y…”), opiniones que  serían útiles para conversar pero, dada la circunstancia de ser opinador semanal, sólo podría aspirar a un diálogo o si se quiere debate virtual, discontinuo y no concluyente.

Recordemos que allí dije que la institucionalidad nacional y tolimense está infectada, que el centralismo económico-político se nutre de esa infección y que la única solución es convenir un proyecto político, hasta hoy impensado y basado en la identidad y la autonomía regional, para fundar otra institucionalidad. Mil gracias a quienes dieron su parecer y permítanme otra reflexión.

En los comentarios algunos coincidieron en que, respecto a la corrupción, debería precisar nombres, petición que colijo surge de la angustia que causa ver una venalidad galopante sin que casi nada ocurra y no del sutil propósito de eclipsar lo dicho. A estos mensajes respondo que precisar nombres sería acto suicida y no valiente pues pese a que, como todos, percibo una corrupción desbordada, el asunto de la prueba es de investigadores y no de opinadores y por ello, creo yo, lo políticamente correcto es construir una neo institucionalidad regional garantista del análisis, la opinión, la crítica constructiva y el control político.

Opinión sesuda emitió el respetado profesor José Á. Londoño, quien apoyado en el sociólogo Èmile Durkheim pregunta: “¿sí será que estamos sufriendo de anomia social: una sociedad civil local y regional que carece de fuerza interna para movilizarse a sí misma y es indiferente a su propio futuro y autocomplaciente con su propia mediocridad?”.

La glosa del Doctor Lodoño describe la realidad tolimense y permite sugerir formulas político-educativas para evitar el fatalismo y para que renazca el optimismo y un sentido histórico, comunitario y regionalista opuesto al egocentrismo, al centralismo y a la ausencia de horizontes.

En el artículo en cuestión señalé que éste sería tema para una gran conversación tolimense signada por la pluralidad y la decisión de cambiar y ahora, para transcender la retórica obvia, digo que “la carencia de fuerza interna (de nuestra sociedad) para movilizarse” no la origina la falta de talento, virtud abundante, sino la alienación que producen los falsos paradigmas de política y desarrollo (politiquería y desarrollismo), extravío que no sólo afecta a la gente del común sino a sus propios líderes y por ello, mientras no superemos el extravío, no será posible que impere la ética, la solidaridad, la convivencia sinérgica y de ello el progreso.

La solución al tenaz atraso tolimense no nacerá de “las ideas y los ideólogos” que lo causan sino de un giro mental de 180o. Eso es claro y por ello, universidades, intelectuales, gremios, periodistas coherentes, organizaciones sociales, Usted y yo, tenemos que propiciar un gran diálogo pluralista para encontrar el camino del cambio. Si ello no ocurre entonces nuestro imaginario seguirá imbuido, querámoslo o no, de falsos paradigmas y por tanto el tiempo y los hechos del Tolima seguirán siendo el pasado y el atraso y jamás el futuro y el progreso.

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