¿Uber o taxi?… He ahí el dilema

Escribe: Luis Hernando Granada C.

Realmente no hay dilema; Cada cual escoge lo que más le convenga, y eso de la legalidad poco importa cuando está de por medio el servicio y el valor del mismo.

Por estos días se ha hablado mucho del tema y se ha sostenido que los Uber solo prestarán sus servicios hasta el 31 de enero delpresente año. Pero que lo suspendan o no es lo de menos porque quedan otras aplicaciones similares.

Una breve encuesta a nivel familiar y de amistades, me da un resultado que se inclina a favor de los Uber. Veamos las razones.

Esto no es nuevo, pero solo un 3% de los taxistas sacan la cara por el gremio.

1.- No es raro que el taxista escoja el trayecto más largo para que el taxímetro marque más.

2,. Aunque existe una disposición legal, los taxistas jamás llevan dinero sencillo para entregar legalmente las vueltas, además que si el usuario se descuida le “meten” billetes falsos de baja denominación al devolver el cambio.

3.- No conocen ninguna de las frases consignadas en la Urbanidad de Carreño: “Buenos días”“con mucho gusto”“para servirle”, etc.

4.- Dependiendo de la edad del chofer, el usuario tiene que someterse a escuchar música guasca, restregón, champeta, rancheras o temas de antaño.

5.- Por lo general, ignorando el “manos libres”, toman el celular, hablan durante todo el trayecto y no les importa que entre los pasajeros vaya un menor de edad para dialogar con su interlocutor con términos soeces.

6.- No les agrada llevar pasajeros en la silla delantera porque ese puesto está reservado para la moza o la amiguita de turno.

7.- En muchos casos la velocidad es excesiva y no les importa coger huecos y cráteres porque en la mayoría de los casos el taxi no es de ellos.

8.- No cargan paquetes relativamente grandes porque la capacidad del “pichirilo” no se lo permite. ¿Para qué se hacen en las bahías de los terminales aéreos o terrestres?

9.- La presentación de algunos taxistas deja mucho que pensar: Trabajan en pantaloneta, chancletas, sin afeitar, cuando no es que exhiben tatuajes o piercing, apoyándose en el “cuento” del “desarrollo de la libre personalidad”.

10.- Remato con lo que me parece más delicado, oprobioso y criminal: Los taxistas le niegan el servicio a los discapacitados sin importar que esto tenga una multa que redondea casi el millón de pesos. Me refería un amigo que un día cualquiera llegó a Bogotá, se bajó en el Terminal y ningún taxista le quiso prestar el servicio porque según ellos no “les cabía la silla de ruedas”. Más de media hora duro buscando un taxi que lo transportara y todos tenía una disculpa absurda y estúpida: “No me cabe la silla”, “el tanque del gas no me permite llevar nada en el baúl”, etc. ¿Qué hizo el usuario? Un oficial de la Policía le dijo: “Salga del Terminal y en la zona donde se estacionan las busetas, va a encontrar transporte”. Y claro, allí estaban los piratas, los que realmente necesitan, los ilegales pero serviciales y humanitarios.

Y obviamente hay más puntos, pero con estos son suficientes aunque he omitido que en las grandes ciudades, muchos taxis cuentan con lo que ellos mismo llaman “el muñeco”, un mecanismo fraudulento que altera el valor del servicio. Y a propósito de los discapacitados, solo en Cali y Medellín encontré que algunos taxistas llevan una parrilla especial para cargar cómodamente bicicletas y sillas de ruedas, aunque en el caso de las bicicletas encontré que en Cali cobran $1300 más por llevar la bici. No importa que lo cobren; lo correcto es que presten el servicio y que no sean indolentes.

El caso de los Uber

Legal o ilegal el servicio me ha parecido maravilloso: Conductores bien vestidos, que saludan, que se estacionan correctamente, que le ofrecen o le preguntan al usuario qué clase de música quiere escuchar, que ayudan a subir paquetes, que entregan correctamente el cambio, que siempre llevan sencillo, que esperan pacientemente si el usuario desea detenerse a hacer alguna diligencia, que no cobran dos carreras en caso de llevar dos pasajeros y deben dejar a uno de ellos sobre la misma ruta, además de que utilizan una aplicación que los lleva por el camino más corto y que solo cambian cuando el usuario les pide tomar otra ruta.

Realmente hay diferencias y son abismales. Hace más de un año en Ibagué, el SENA convocó a los taxistas a tomar unas conferencias y charlas gratis sobre la calidad en el servicio de los taxistas.  No todos fueron, pero a los que asistieron los planteamientos y orientaciones recibidas en el “curso” se les olvidó a los ocho días.

¿Qué hace un degenerado taxista en la bahía de un Hospital o Clínica si le va a negar el servicio a aquellos que andan en sillas de ruedas, caminadores o muletas o de pronto llevan su tanque de oxígeno? Aquí es donde debo replicar la frase célebre: “Hay que vivir para servir porque el que nace y no quiere servir, no sirve para vivir”.

Se levantarán de sus sillas los que defienden a los taxistas, pero de acuerdo a lo investigado, solo el 3% cumple a cabalidad su deber con la sociedad. De ahí que finalmente se pueda aplicar la frase: “En Colombia son muy pocos los conductores; la mayoría son choferes”. Y lo más crítico es que cuentan con la complicidad de los agentes de tránsito que a cambio de un “billetico” de $20000 o $50000 no les hacen el comparendo de rigor.

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